sábado, 28 de julio de 2012

El rosal en sus ojos

Nunca había detallado su mirada, era como si tuviera un sol que esconde detrás un bello rosal dispuesto a ser suyo para aquel aventurero, y ese era yo. No creía esa, mi arriesgada tentación al tope de lujuria a punto de entregarme su cuerpo, acto sin motivos mas allá del amor y de la tentación por un futuro certero para ella; pero no para mí, quien vivía del momento sin aguardar la satisfacción de un compromiso.
Ahora entiendo que merece ser amada por alguien cuyo fin sea preservar ese rosal sin dañarle ni un pétalo a las rosas de su mirada, alguien que cultive las flores ya arrancadas por sujetos como yo, que pasaron el sol pero se deleitaron de las rosas.

jueves, 19 de julio de 2012

Carta

Nunca pensé que me alejaría tanto de ti como ahora pretendo hacerlo. Recuerdo la primera conversación, grabada en mi mente por si sucediera otra vez, contando con las mismas palabras dichas aquel día, solo por encontrar de nuevo un poco de asombro. Al pasar el tiempo caímos en la monotonía, y tu intento por hacerme feliz solo bastaba para pasar las tardes juntos, pero, ¿Hasta cuando?; entonces se agotaban mis ganas al no estar contigo, entonces se extraviaba el clímax del reencuentro. Admito ser culpable en muchos aspectos deteriorantes, y sé que nunca me bastó con mirarte en nuestro pequeño antro en la distancia, pero no me busques, no llames, déjame vivir sin ti, al menos por un tiempo para saber cuanto te extrañaría, pues nunca pretendí algo sexual, pero no pude controlar ese algo romántico, enamorado mas de una idea que de una mujer.

jueves, 12 de julio de 2012

Regina

Ese día, recuerdo claro y fatídico, fue cuando se dio cuenta que el final de un capítulo (tal vez de todo un libro), se acercaba. Regina siempre componía el punto focal de todo a lo que ella concernía, pues con su capacidad de hacer lo mejor, buscaba la manera para un todo perfecto; su única excepción la hizo con quién se casó, un hombre típico en las series norteamericanas, al tanto que este, esclavo del licor y la lujuria, se oponía a todo aquello cuyo bien fuera grato para la dama costumbrista. El caso fue para Regina fuente de dolores de cabeza, nunca pudo pronunciar otra palabra mas grande del amor guardado para aquel ingrato; pero este, solo otro peldaño oxidado en una sociedad con millones de replicas absurdas, profesaba lo peor para su mujer, pues estas crudas palabras "No se preocupe por ser la única, preocúpese por ser la mejor" terminaban callando el latido del corazón encomendado a tan descuidado pedazo de idiota. Pero ese día, el día claro y fatídico, brotó un nuevo sentimiento en el pecho de Regina, y esto provocó el dejar de latir de un corazón: El corazón de aquel hombre a quien Regina guardo tanto cariño; pues indignado acabó con su vida al saber que su mujer tenía de nuevo, después de mucho tiempo, la capacidad de volver a amar al alguien más, y mucho mejor que él.